Cuando la temporada de conservas se acerca a su fin y aún quedan muchas verduras, esta receta se convierte en una verdadera salvación. Su sencilla preparación la convierte en la opción ideal: sin esterilización, sin ajo, hierbas ni otras especias, solo tomates y marinada. Mi marido y yo los llamamos cariñosamente “Sladunchiki”, y este nombre se nos ha quedado grabado para siempre.
Utilizo dos métodos de cocción: envasarlos con ácido cítrico y marinarlos con vinagre. Ambos métodos dan un resultado delicioso que gusta tanto a niños como a adultos, y los invitados suelen pedir llevarse un frasco a casa. Pruébalo, quizás esta receta se convierta en tu favorita.
Antes de empezar, prepara todo lo necesario: lava y seca los tomates, esteriliza los frascos y las tapas.
Introduce los tomates en los frascos esterilizados, procurando no apretarlos demasiado.
La primera vez, vierto agua hirviendo sobre los tomates en los frascos, usando una tetera eléctrica para acelerar el proceso. Tras cerrar las tapas, envuelvo los frascos en una toalla tibia y los dejo reposar de 20 a 25 minutos.
Luego mido el agua escurrida y, si es necesario, añado un litro para calcular fácilmente la cantidad de sal y azúcar.
Después, añado sal y azúcar a la olla, la pongo al fuego y, en cuanto hierva, añado vinagre para los tomates encurtidos o ácido cítrico para los enlatados.
Vierto la salmuera hirviendo sobre los tomates y cierro las tapas. No doy la vuelta a los frascos, pero puedes hacerlo para comprobar si tienen fugas.
No envuelvo los frascos, simplemente los cubro con una servilleta ligera y los dejo enfriar por completo.
Estos tomates preparados se conservan bien a temperatura ambiente en la despensa.