Ingredientes:
4 huevos grandes (a temperatura ambiente)
120 g de azúcar
100 g de harina de trigo
2 cucharadas de miel
2 cucharadas de leche
1 cucharadita de vainilla
Preparación:
1. Precalienta el horno a 160 °C y forra un molde rectangular con papel encerado dejando que sobresalga por los lados, esto ayuda a desmoldar sin dañar el bizcocho.
2. Calienta ligeramente la miel con la leche hasta que esté tibia (no hirviendo) y reserva, esto ayuda a lograr la textura húmeda característica del castella.
3. Coloca los huevos en un bowl grande, añade el azúcar y bate con batidora eléctrica durante 8–10 minutos hasta obtener una mezcla muy espesa, pálida y con efecto “listón”, este paso es clave para que el bizcocho suba sin polvo de hornear.
4. Incorpora la vainilla y la mezcla de miel con leche, mezclando suavemente con espátula en movimientos envolventes para no perder el aire.
5. Tamiza la harina directamente sobre la mezcla en dos o tres partes e intégrala con movimientos envolventes y delicados, evitando mezclar de más para conservar la esponjosidad.
6. Vierte la mezcla en el molde, alisa la superficie y golpea suavemente el molde contra la mesa una o dos veces para eliminar burbujas grandes.
7. Hornea durante 45–55 minutos a 160 °C hasta que la superficie esté dorada y al insertar un palillo salga limpio, si se dora demasiado rápido puedes cubrir ligeramente con papel aluminio.
8. Retira del horno y deja reposar 10 minutos, luego desmolda con cuidado y envuelve el bizcocho aún tibio en plástico para mantener la humedad, este reposo mejora mucho la textura.
9. Deja reposar al menos 2 horas (idealmente de un día para otro) antes de cortar en rebanadas, ya que el castella mejora su sabor y suavidad con el tiempo.